Cuando el astronauta estadounidense Scott Kelly supo que a sus 51 años participaría en una misión de récord de la NASA, que por primera vez iba a poner a uno de sus astronautas un año en la Estación Espacial Internacional (EEI), mantuvo una reunión preparatoria de una rueda de prensa. Allí, planteó qué debía contestar si alguien se interesaba sobre si su viaje se aprovecharía para realizar estudios comparativos entre él y su hermano gemelo, Mark Kelly, también astronauta pero retirado, que se quedaría en la Tierra. Unas semanas después, un científico de la agencia espacial estadounidense le anunció a Scott que su idea había gustado a la comunidad científica, y desde el sábado es una realidad.